Por qué no creo en dios


Les voy a contar mi caso. Sé que es muy duro aceptarlo, por que a mi también me pasó. Yo también he tenido conflictos con mi religión, con dios, conmigo mismo.

He llegado a sentirme muy mal por tenerlos y a no querer hablar con nadie al respecto. Muy pocas veces me he animado a compartirlos, por temor a ser juzgado, marginado, vilipendiado, etc. En mi etapa escolar, pude tener interesantes conversaciones sobre temas diversos con varios de mis maestros de religión y siempre llegaba a un punto en el que nada tenía sentido. Donde sea que mirabas bastaba aplicar un poquito de lógica para darse cuenta de algo irracional.

Lastimosamente no es fácil discutirlo abiertamente. Debes tener cuidado con lo que piensas, con lo que dices y a quién se lo dices. Las religiones están tan bien pensadas que, incluso, saben bien qué contestarnos y con qué amenazarnos en caso de que se nos ocurra pensar de más o cuestionarlos. Así que, con temor, durante mucho tiempo hice todo lo posible por creer en dios. Traté de convencerme de que en verdad existe y que tiene todas esas características maravillosas que le atribuyen.

Durante una buena etapa de mi vida fui cristiano, puesto que al igual que la mayoría de niños de Sudamérica, también fui adoctrinado desde temprana edad en la misma religión que impusieron a mis padres. Estudié en escuela y colegio católico. Me enteré que habían más versiones de la misma doctrina y llegué a pensar que no era culpa de dios, si no el hombre quien interpretaba mal su mensaje. Así que lo busqué en otras religiones dado que, supuestamente, debía ser el mismo dios.

De forma semejante, encontré que todas las religiones tenían el mismo problema: absurdoscontradiccionesinconsistencias, distintas interpretaciones, diferentes versiones y todas se oponen a los cuestionamientos. Pensándolo bien, ¿acaso existe algo más en el mundo que no pueda ser cuestionado, además de la religión? ¿Qué hace que la religión sea exenta de crítica?

Si el mensaje de dios era tan importante y nuestras almas dependen de ello, no debería estar lleno de contradicciones. Debería ser claro, preciso, fácil de interpretar e imposible de malinterpretar. ¿Por qué un dios todopoderoso permitiría que humanos falibles difundan falsedades y cometan atrocidades en su nombre? ¿Por qué sentenciar a torturas eternas a más de dos tercios de la humanidad por el simple delito de haber nacido en la cultura equivocada? Un ser todopoderoso y todo bueno debería anticiparse e impedir el mal. ¡Se supone que es omnisciente! Su bondad debería estar por encima de la voluntad del hombre.

Luego me di cuenta de algo muy sencillo: la niñez. Si hubiera pruebas de la existencia de dios (cualquier dios), la religión no dudaría en usarlas y restregárnoslas en la cara todo el tiempo. En vez de eso dependen del adoctrinamiento infantil para poder perpetuar el mito. Es lo mismo en todos lados del planeta y se repite a constantemente a través de la historia. Si hubiéramos nacido hace 3000 años en Grecia, adoraríamos a Zeus. Si hubiéramos nacido en Escandinavia en el siglo VII adoraríamos a Odín y a Thor. Si hubiéramos nacido hace 2500 años en Roma adoraríamos a Júpiter. Y así por el estilo.

Leyendo un poquito de historia es fácil darse cuenta de que nuestras creencias religiosas son simplemente consecuencia de la imposición socio-política del lugar y tiempo en el que nos tocó nacer y vivir.  Por lo tanto, no hay razón para aceptar la doctrina cristiana (ni la islámica, ni la hindú, ni ninguna) como más verdadera que cualquier otro mito cuando sabemos que es simplemente cuestión de suerte. Ya aceptamos que no creemos en ninguno de esos dioses ajenos. Ahora sólo tenemos que incluir un dios más, por difícil que sea.

Está demostrado que, si eliminamos el adoctrinamiento infantil, las religiones dejan de existir en tan sólo dos generaciones. Es por eso que los religiosos insisten tanto en empezar el lavado de cerebros a la edad más temprana posible, cuando somos más vulnerables. ¿Te has dado cuenta lo difícil que es convencer a un adulto de la veracidad de un mito ajeno? Imagínate que mañana alguien intenta convencerte de que Ganesha es el único dios verdadero, o que Mahoma es el único y verdadero profeta. ¿Le creerías?

Probablemente no. Pero segurísimo que, de haber nacido en la India o en Irán, ocurriría todo lo contrario. Hoy aceptarías a Ganesha ciegamente como único dios verdadero, o a Mahoma como único y verdadero profeta, y los mitos cristianos te parecerían falsos y ridículos. Eso ocurre cuando uno ha sido expuesto únicamente a una parte muy limitada del conocimiento. Las vedas (libros sagrados de la religión hindú) son incluso varios siglos más antiguos que el Génesis. ¿Acaso no tienen ellos también derecho de ser únicos y verdaderos? Todas las religiones se acusan mutuamente de falsas y, en eso, todas tienen razón.

Nadie ha podido probar la existencia de ningún dios y algunos dirán que tampoco se ha podido demostrar que no existan. No obstante, también podemos agregar que nadie ha podido demostrar la inexistencia de las hadas o los unicornios por lo tanto ese argumento no es suficiente.

Por otro lado, sólo para continuar con la tesis, vamos a suponer por un momento que dios sí existe, que te quiere y que se preocupa por ti. ¿Por qué querrías adorarlo? ¿Para que te salve de qué? Luego, lo piensas un poquito y te das cuenta que parece un psicópata con problemas de inseguridad y baja autoestima: te pide que lo adores y le agradezcas a cada momento; siempre anda poniéndote todo tipo de pruebas, incluso muy crueles, para comprobar si de verdad lo amas; te vigila 24/7 (también cuando duermes); y te tiene reservado las peores torturas por toda eternidad en caso de que se te ocurra desobedecerlo o no amarlo.

¿Qué clase de dios todopoderoso, en vez de destruir la maldad, crea el infierno? ¿Qué clase de dios todo bondadoso amenaza a sus súbditos con violencia y castigos eternos si te niegas a amarlo? Si eso es amor, es muy retorcido y tóxico. Si fuera tu ex, ya lo habrías denunciado y conseguido una orden de alejamiento.

¿Y luego? Digamos que fui un buen discípulo y logramos convencerlo de merecer el cielo. ¿Qué sigue? Pues, estaríamos condenados eternamente a servir y agradar a un dictador celestial con la moral y comportamiento de un caprichoso niño de menos de cinco años de edad. ¡Sería como vivir en Corea del Norte, eternamente!

Me niego a creer que exista un dios así. Me niego a creer que exista un dios con cualidades humanas. Me niego a creer que exista un dios al cual siquiera le importe si creemos en su existencia o no. Lo que sí creo firmemente es que quienes dicen lo contrario lo hacen para aprovecharse de los demás.

¿De dónde obtengo mis valores y mi moral? De la educación que me dieron mis padres y de saber que debo ser responsable de mis acciones puesto que todas tienen consecuencias que afectan a mi y a mi entorno. No necesito creer en ningún dios para ser una persona de bien.

Desde que empecé a aceptarlo y a ser más abierto con mi posición, descubrí que la mayoría de mis amigos han tenido cuestionamientos similares y han llegado a las mismas conclusiones. Todos conocemos excelentes personas, muy buenos profesionales, con exitosas carreras y admirables valores, quienes, lastimosamente no se atreven a decir su opinión en voz alta, debido al grado de recriminación y discriminación al que se exponen. Ya es hora de dejar de escondernos.

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