La corrupcion, ¿Se la aborrece o se la envidia?


Se acercan nuevamente las elecciones y ya podemos notar cómo los partidos políticos empiezan a armar sus estrategias de campaña y listas de posibles candidatos. Empezamos también a llevarnos nuestras primeras decepciones por los personajes escogidos. Sin importar de qué ideología sean, pareciera como si no lográramos salir del mismo círculo vicioso.

Creo que la mayoría coincidimos en condenar, criticar e indignarnos con nuestra clase política. Nos quejamos de ellos y los culpamos por todos los problemas de nuestra sociedad. Como ciudadano, me uno a la indignación colectiva. Sin embargo, mi entrenamiento como matemático suele hacer que tenga más preguntas que respuestas.

Por ejemplo, solemos escuchar que es muy difícil que la sociedad mejore mientras los políticos no hagan algo al respecto. O que son ellos quienes deben de poner el ejemplo para todos nosotros. Pero esta premisa, por demás paternalista, no toma en cuenta el origen de esos mismos políticos.

Y es que no caen del cielo ni vienen de universos paralelos. Tampoco son enviados especiales ni atraviesan filtros mágicos para ser elegidos. No vienen de otro planeta ni son enviados divinos. Son ecuatorianos como todos nosotros. Hijos de padres ecuatorianos; criados por familias ecuatorianas en comunidades ecuatorianas; educados en escuelas, colegios, universidades y academias ecuatorianas; elegidos por otros ecuatorianos. Como dice la canción: “¡Esto es lo que hay!”.

Si una gran parte de nuestra sociedad es ignorante, egoísta y sin valores, adivinen qué. Inevitablemente tendremos líderes políticos ignorantes, egoístas y sin valores. No importa de qué partido o ideología sean, los períodos de gobierno sólo sirven para cambiar de nombre a la nueva banda de delincuentes que nos gobernará. Es solamente un cambio de turno. Nuevos egoístas e ignorantes al poder por que aquí no se aborrece la corrupción, se la envidia, que es muy diferente.

Si te queda alguna duda te invito a que hagas el siguiente experimento: toma tu teléfono, tablet, billetera o cualquier otro objeto de valor y déjalo desatendido en público unos momentos. Fíjate lo que ocurre. SE LO LLEVA CUALQUIERA. No tendrás que esperar mucho a que aparezca algún ladrón armado, enmascarado o personajes por el estilo. ¡Lo hará cualquiera que pase por ahí! O descuida un momento tu puesto en cualquier cola, sea en el supermercado, en el semáforo o dónde sea. Y cuando esto ocurre, usualmente culpamos a la víctima por ‘descuidado’ y felicitamos al bandido por ‘vivo’. Cultivamos la picardía como valor autóctono y algunos hasta se jactan orgullosos de hacerlo constantemente. Es triste darse cuenta cómo la sociedad entera ha hecho de la corrupción un estilo de vida. Es una lástima que estemos acostumbrados a que nos vigilen o amenacen para portarnos bien, puesto que jamás existirán suficientes policías para cuidar todo.

Estamos aniquilando nuestro futuro lentamente y sin necesidad de utilizar la violencia, ni guerras, ni armas de destrucción masiva, ni dictaduras o terrorismo, sino con algo mucho peor: sólo con un pésimo sistema educativo. Basta que ignoremos nuestra propia historia; que nuestros estudiantes hagan trampa en sus exámenes o ante cualquier otro obstáculo en la vida; que sigamos callando, alcahueteando o peor, celebrando la falta de valores.

Y no sólo afecta a la política.

  • Los niños se malcrían en manos de esos padres.
  • El dinero se pierde en mano de esos economistas.
  • Los derechos humanos son atropellados en manos de esos eruditos religiosos.
  • La justicia es destrozada en manos de esos jueces.
  • Las construcciones se caen en manos de esos ingenieros.
  • Los pacientes se mueren en manos de esos médicos.
  • Etc., etc.

En definitiva, el colapso de la educación es el colapso seguro de toda la sociedad. Ahora, como ciudadano corriente, me pregunto. ¿Tenemos la suficiente calidad moral para criticar a los políticos, o sólo lo hacemos por envidia?

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