Los humanos crearon a dios y a la religión



Según la Enciclopedia Mundial Cristiana de la Oxford University Press, el 84% de la población mundial pertenece a algún tipo de religión organizada, y cree en algún tipo de dios; lo que a finales de 2012 representa unos 5,9 mil millones de personas.

Los cristianos representan unos 2 mil millones de esos 5,9 mil millones y aproximadamente la mitad de ellos son católicos. Los musulmanes son un poco más de 1.000 millones, los hindúes son alrededor de 850 millones, los budistas son casi 400 millones y hay varios otros cientos de millones de religiosos étnicos, animistas y otros teístas alrededor del mundo.

En el mundo hay unas 10.000 religiones diferentes, cada una de las cuales puede ser subdividida y clasificada. Los cristianos, por ejemplo, pueden ser distribuidos entre unas 34.000 denominaciones distintas.

Desde una perspectiva científica, estos porcentajes demandan una explicación sobre por qué tanta gente cree estas cosas; pero desde una perspectiva escéptica —a lo que me dedico— ¿cuál es la probabilidad de que estos tipos hayan acertado al dios correcto y la religión correcta y que los miles de millones de otras personas que no creen lo que ellos creen estén equivocadas?

Cuando se retiren esta noche sólo háganse esta pregunta: ¿Cuáles son las probabilidades de que ellos estén en lo cierto y las decenas de miles de millones de personas que vivieron antes de Jesús, —ellos nunca oyeron de él— las decenas de miles de millones de personas que vivieron después de él y que no creen en eso, simplemente estén equivocadas? O, si no sería más probable que todas esas religiones y creencias en dioses hayan sido construidas socialmente, construidas psicológicamente y que ninguna de ellas sea cierta, en el sentido de la realidad, en el sentido ontológico. Que todas hayan sido construidas de esta forma.

En mi breve tiempo les presentaré dos líneas de evidencia apoyando esta afirmación de que los humanos crearon a Dios y a la religión y no al revés. La primera es teoría evolutiva, la segunda es psicología social, comparativa de las religiones mundiales y la metodología.

Primero: Retrocedamos en el tiempo. Nuestra historia se remonta a millones de años. Así que sitúate en el pasado digamos 3,5 millones de años atrás. Eres un pequeño homínido en las planicies del África. Un pequeño australopithecus. Tu nombre es Lucy. (Gracias. Mucha gente en América no entiende ese chiste.) Y oyes un crujido en la hierba. ¿Es un peligroso depredador, o es sólo el viento?

Bien, si asumes que el crujido en la hierba es un depredador peligroso y resulta ser sólo el viento, cometiste un error de Tipo 1, un “falso positivo”. Creíste que A estaba conectado con B, pero te equivocaste. Es un error relativamente inofensivo. Te vuelves más cauto, vigilante, asustadizo, tal como ves a los animales de la planicie africana en la actualidad. Por otra parte, si piensas que el crujido en la hierba es sólo el viento y resulta ser un depredador peligroso, eres almuerzo. Felicitaciones, has recibido el Premio Darwin por quitarte del patrimonio genético tempranamente, antes de reproducirte. Y nosotros somos los descendientes de aquellos que tienen mayor tendencia a cometer errores de Tipo 1 que errores de Tipo 2, falsos positivos en vez de falsos negativos.

¿Por qué no sólo te sientas en la hierba y recoges más datos hasta tener la certeza? Porque los depredadores no esperan a que sus presas recojan más datos. Es por eso que son furtivos, y acechan a sus presas. Así que desarrollamos la predisposición de tomar decisiones rápidas. La regla de oro es asumir que todos los crujidos en la hierba son depredadores peligrosos y no el viento, por las dudas. Asumir que todo lo que lees y oyes y ves, es real.

¿Cuál es la diferencia entre el viento y un depredador peligroso? El viento es una fuerza inanimada, un depredador es un agente intencional. Su intención es comerme, y eso probablemente no sea bueno. Así que también desarrollamos la capacidad no sólo de encontrar esos patrones y cometer ese tipo de errores en vez de los otros —asumir que todo es real—, también infundimos en esos patrones la presencia de agentes intencionales. Creemos no solamente que todo es real, sino real y animado, vivo. Incluso si es invisible. Hoy tenemos mucha evidencia de la psicología cognitiva de que esto comienza a una edad muy temprana quizás a los 2 o 3 años de edad.

Quiero contarles un experimento, entre tantos otros. La investigación de Jesse Baring con niños pequeños que son llevados a una habitación y se les da una pequeña bola con velcro y cuando la tiran hacia un pizarrón, se queda pegada en él —ese es el objetivo. Se lo lleva a la habitación, pero no se le permite usar su mano hábil y se lo gira para que deba hacerlo de espaldas así que lo hacen realmente mal —como cualquiera de nosotros— y luego… el experimentador abandona la habitación diciéndole: “Haz lo mejor que puedas, y ven a contarme cómo te fue”. Así es que —por supuesto— caminan hacia allí y sólo la pegan en la cosa, ¿si?

Segunda parte del experimento: El niño pequeño es llevado a la habitación y se le dice: “Aquí cerca de la pizarra hay una silla. En la silla está la princesa Ana. Es una princesa invisible, y puede ver todo lo que haces”. El experimentador abandona la habitación y los niños dejan de hacer trampa. La sombra de la coerción, una especie de infusión del agente, de un ser invisible en la silla que ve lo que hacemos, que registra nuestro comportamiento moral, comienza a muy temprana edad. Nuestro cerebro ha desarrollado esta capacidad de incorporar agentes. Esta es la más primitiva de las creencias en Dios.

Bien, ahora… la próxima línea de evidencia.

Esto es lo que sucedió hace unos 5 a 7 mil años. Esas creencias animísticas, en dioses simples, esa suerte de religiones sociales, evolucionaron para ayudarnos a vivir unidos cuando las especies de primates sociales empezaron a dividirse, al crecer las poblaciones de un par de docenas a un par de cientos de individuos, a miles, decenas de miles, millones de personas en sociedades-estado; de grupos y tribus, a tolderías y estados. Necesitábamos algún medio formal de control del comportamiento y coerción de las reglas de cooperación social. Se desarrollaron dos instituciones para ese fin: El gobierno y la religión.

El gobierno dice: Aquí están las reglas, que todos las conozcan y aquí está el castigo si rompes las reglas. La religión dice: Si crees que te saliste con la tuya y engañaste al Estado, no… Hay un ojo en el cielo, que todo lo sabe y todo lo ve, y en la próxima vida se hará justicia. Esa es una fuerza muy poderosa para el control social.

De nuevo: si pasa con niños pequeños, puedes hacerlo con los adultos. De eso se tratan las iglesias, esa es la versión moderna, eso es lo que sucede.

Segunda línea de investigación del fenómeno social y religiones mundiales comparadas.

Grosso modo, en un orden de magnitud de precisión, podemos concluir que durante los últimos 10.000 años de historia, han habido unas 10.000 religiones distintas, y unos 1.000 dioses diferentes. Nuevamente, la pregunta para ustedes para cuando se vayan esta noche. ¿Cuál es la probabilidad de que Yahveh sea el único dios verdadero y Amón-Ra, Afrodita, Apolo, Baal, Brahma, Ganesha, Isis, Mitra, Osiris, Shiva, Thor, Visnú, Odín, Zeus y los otros 986 dioses, sean todos falsos dioses?

Ustedes son ateos igual que yo, de todos esos dioses que he recitado, es sólo que algunos de nosotros vamos un dios más allá.

Piensen en esto como otro experimento mental:

Si ocurre que naciste —digamos— en los Estados Unidos o en Inglaterra en el Siglo XX, hay una buena probabilidad de que creas que Yahveh es el todopoderoso y omnisapiente creador del universo, que se manifestó encarnado en Jesús de Nazareth. Si ocurre que naciste en la India en el siglo XX, hay una buena probabilidad de que seas un hindú, que cree que Brahma es el inmutable, infinito y trascendente creador de la materia, la energía, el tiempo y el espacio, que se manifestó encarnado en Ganesha —el dios-elefante azul—, que es la divinidad más venerada en la India.

Para un antropólogo de Marte, estos son indistinguibles. Por supuesto, individualmente son distintos, pero viendo el panorama son todos indistinguibles en ese sentido.

Incluso dentro de las tres grandes religiones abrahámicas, ¿quién puede decir cuál es la correcta?

Los cristianos creen que Jesús es el salvador, y debes aceptarlo para recibir la vida eterna en el Cielo. Los judíos no aceptan a Jesús como su salvador. Y tampoco los musulmanes. Unos 2.000 millones de los 5.900 millones del mundo no aceptan eso. Entonces ¿qué les pasa a ellos? De nuevo, ¿ellos están en lo cierto y toda la demás gente buena, que creen tan apasionadamente como ellos, están equivocados? Así como los cristianos creen que la Biblia es el evangelio heredado dictado por la deidad, los musulmanes creen que el Corán es la palabra perfecta de Dios.

Es una pena que el creador del universo haya escrito más de un libro sagrado. Los cristianos creen que Cristo es el último profeta. Los musulmanes creen que Mahoma es el último profeta. Los mormones creen que Joseph Smith es el último profeta. Y, estirando un poco más este sentido de razonamiento, los cienciólogos creen que el escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard fue el último profeta. Demasiados profetas, muy poco tiempo.

Mitos de diluvios… muy comunes a lo largo de la historia:

Precediendo por siglos los relatos bíblicos del diluvio de Noé, la “Epopeya de Gilgamesh” fue escrita alrededor del 1.800 a.C. Advertido por la diosa babilonia de la tierra, Ea, de que otros dioses estaban por destruir toda la vida mediante una inundación, Utnapishtim fue mandado a construir un arca con forma de cubo —un cubo…—, de 120 cubits de cada lado —55 metros, aproximadamente— con 7 pisos, cada uno dividido en 9 compartimentos para cada uno de los animales a llevar en el barco.

Mitos de nacimientos virginales, también surgidos a través del tiempo y la geografía:

Entre los que dicen haber sido concebidos sin la asistencia habitual del linaje masculino —y por cierto, Sr. Hitchens, esto fue tomado del libro de su hermano— Dioniso, Perseo, Buda, Atthis, Krishna, Horus, Mercurio, Rómulo y, por supuesto, Jesús.

Consideremos los paralelismos entre Dioniso, antiguo dios griego del vino, y Jesús de Nazareth. De ambos se dice que nacieron de una madre virgen, que era una mujer mortal, pero fueron procreados por el Rey de los Cielos. Ambos presuntamente volvieron de la muerte, transformaron agua en vino; introdujeron la idea de comer y beber la carne y la sangre del creador, y de haber sido libertadores de la humanidad.

Mitos de diluvios: No son originales de ustedes. Mitos de nacimientos virginales: No son originales de ustedes. Mitos de resurrección: No son originales de ustedes.

Osiris es el dios egipcio de la vida, la muerte y la fertilidad y es uno de los dioses más antiguos cuyos registros han sobrevivido. Osiris aparece en los textos de las pirámides, alrededor del 2.400 a.C. —2.400 antes… que el otro tipo. Por aquellos tiempos, su seguidores ya estaban bien identificados. Ampliamente adorado hasta la represión obligatoria de las religiones paganas en los albores de la era cristiana, Osiris era no sólo el redentor y juez misericordioso de los muertos en el más allá, sino que también estaba relacionado con la fertilidad, sobre todo —y apropiadamente para la geografía— con la inundación del Nilo. Por cierto, hay un vínculo geográfico entre los mitos de inundaciones y los cuerpos de agua que inundan. No inundaciones universales, sólo ocurren en donde vives.

Los reyes de Egipto estaban íntimamente relacionados con Osiris a su muerte, de modo que cuando Osiris resucitara de entre los muertos ellos estarían en unión con él. Y en la época del Nuevo Reino, no sólo los faraones, sino también los hombres y mujeres que construyeron las pirámides. He aquí lo que sucedió: Los faraones se dieron cuenta de que si ofrecían vida eterna a los trabajadores, estos trabajarían más duro, y no tendrían que pagarles tanto.

Así es que Marx tenía razón, de las varias cosas en que tenía razón: “El opio de las masas”. Las masas no necesitan promesas de un más allá. Necesitan sustento, ahora. Ese es el problema con la religión. Entonces, de ahí es de donde viene.

Primero, quieres sólo un rey paralelo —un líder— lo que quieres es vida eterna para tí mismo. ¡Olvídate de la gente! Pero luego te das cuenta de que trabajan más duro, y te darán más apoyo si les das algo… algo como… vida eterna.

Poco después de la crucifixión de Jesús, apareció otro mesías: Apolonio de Asia Menor, cuyos seguidores afirmaban que era el hijo de Dios, que podía atravesar puertas cerradas, sanar a los enfermos, expulsar a los demonios y traer a una joven muerta de nuevo a la vida. Fue acusado de hechicería, enviado a Roma ante un tribunal, fue encarcelado, pero escapó. Luego de morir, sus seguidores afirmaron que se les apareció y ascendió al cielo.

Esta redención luego de ser oprimido, es un mito muy común a lo largo de la historia. Y se puede entender la psicología detrás de él. Los nativos americanos en 1890 iniciaron un mito mesiánico con un indio Paiute, Wovoka, que recibió visiones de Dios. Se pensaba que él era el Mesías, o el salvador del Mesías a través del cual los búfalos volverían, el hombre blanco regresaría a Europa, y la vida mejoraría nuevamente. Esto es lo que hace la gente oprimida. Inventan historias que los hagan sentir mejor.

Muchas veces se dice que no se puede probar una negación, luego los ateos no pueden probar que Dios no existe. Bien. Yo puedo probar que los humanos crearon dioses y religiones. Y acabo de hacerlo.

Y hay cincuenta historias más como esta de: la ubicación geográfica, la época en que habría nacido, la antropología de la religión, la psicología de la religión, la sociología de la religión. Sabemos exactamente cómo sucede esto, todo el camino hasta la neurología, las neurociencias. Sabemos que la gente está construyendo esto.

Ahora por supuesto, pueden plantear el argumento: “Dios implantó el módulo de Dios en el cerebro, para poder hablar con nosotros”, o algo así. ¿Entonces cómo es que todos parecen hablar con distintos dioses? ¿Hay un puñado de ellos por ahí, y compiten por nuestro cerebro? ¿Por qué —como Dan Barker señaló— hay tan poco acuerdo entre los creyentes? ¿Por qué pasa eso?

Por lo tanto mi conclusión es que —como van a meditar, cuando se vayan de aquí esta noche—, nuevamente: ¿qué es más probable? Es obvio que todos esos otros dioses fueron fabricados. Eso ya lo saben, ¡coinciden conmigo en eso! ¡Todos son ateos, respecto de esos otros dioses!

Así que sólo les suplico, vayan un dios más allá. Gracias.

Michael Shermer

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